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sábado, 19 de julio de 2008




El Taller de Creatividad Literaria “Entre el verde y la palabra” quiere rendir homenaje a quien fuera un excelente escritor, dibujante y humorista rosarino, amado en su ciudad y reconocido internacionalmente.

En el primer aniversario de la muerte del “Negro” Roberto Fontanarrosa, su cuento:

ULPIDIO VEGA

ULPIDIO VEGA, te nombro. Y de la apagada sombra de tu nombre rescato tu paso tardo por el empedrado desprolijo de Saladillo y la cierta fama de guapo sin doblez que te persiguió sumisa, como la silenciosa y tenaz fidelidad de un perro.

Quien te vio alguna vez por el Bajo, no te olvida. De callada mesura, sombrío el porte, mezquinabas palabras como si fueran monedas caras. Negros los ojos, en la negrura misma que sobre la frente escasa te tiraba encima el ala apenas curva de tu sombrero gris, tan conocido.

Ulpidio Vega, te nombro. Y de tu nombre exhala un aliento a kerosén barato, a bizcochito, a queso de rallar y vino tinto.

Aroma de almacén, de cambalache, que tuvo tu pobre viejo laburante por calle San Martín, casi en Tablada. Aroma a jabón pinche, a mate amargo, el mismo aquél que te alcanzaba la mano cordial de doña Cata, tu pobre vieja, que se cansó de mirar por la ventana.

Ulpidio Vega, te nombro. Y se santiguan las cuatro esquinas bravas de Ayolas y Convención, las que salieron tantas veces escrachadas en letra de molde, cuando algún fiambre aparecía tirado en esa encrucijada.

Rezan de apuro las jovatas de memoria larga al recordar tu estampa de figura fina, el caminar pesado, un gesto de disgusto en la cara aindiada y el cuerpo erguido por la faca que atrás, en la cintura, te entablillaba.

Por trabajar en el Swift te habían llamado "El Matarife de Saladillo".

¡Qué te iba a impresionar a vos la sangre, Ulpidio Vega! Si día a día degollabas animales y la cuchilla te era tan natural como un anillo, como un zarzo sencillo en el meñique.

Pero eran dos los Vegas, Juan y Ulpidio. "El Vega chico" le decían al otro, que también trabajó en el frigorífico.

Y por si fuera escaso el desmesurado coraje de Ulpidio en la pelea, el "Vega Chico" era también de púa veloz, y sin entrañas.

De negro los dos, siempre, aun de mañana.

Pero, como suele suceder en estas cosas, Ulpidio se metió con una mina que se levantó una noche de Carnaval en el Club Atlético Olegario Víctor Andrade. La mina era una reventada que hacía copas en el Panamerican Dancing, frente a Sunchales, y que ya le había borrado el estampadito floreado a las sábanas del Amenábar, de tanto frote. Pero una hembra que pasaba y dejaba el aire como embalsamado de perfume dulzón, y enardecido. Rosa se llamaba, y era justicia.

Ulpidio Vega, te nombro. Y no me equivoco. Como se equivocó esa noche fatal la mina aquella cuando por llamarte "Ulpidio", "Juan" te dijo.

¡Qué oscura mano de destino cabrón los puso frente a frente, Ulpidio Vega!

¡Vos y tu hermano, inseparables siempre, enfrentados por el cariño falaz de una perdida!

Tiempo estuvieron mordiéndose las ganas de agarrarse. De mirarse profundo, y sin palabras. De medirse con odio. Y de no hablarse. Todo el barrio sabía del bolonqui que rechinaba en los dientes de los Vega. Pero cuando más de una vez saltó la bronca, y la faca apareció brillando en ambas diestras, algo los amuraba al suelo y les clavaba la bronca a la vereda. Algo, que allá en la casa desde chicos les acariciara la frente, les planchara los lompa y les dejara los botines bien brillosos cuando se iban de milonga a Central Córdoba. Algo. La vieja.

"Si no te mato", se lo dijo bien clarito Ulpidio a Juan, "sólo es por ella". "Si no te enfrío", le contestaba Juan, que no era lerdo, "es por la vieja".

Y así andaban los dos, encajetados, sin poder ni dormir, más que hechos bolsa. Y encima la reventada de la Rosa les metía la cizaña de su labio, de sus promesas vanas, de sus mañas.

Y no se pudo más. Aquella noche Ulpidio y Juan llegaron puntualmente hasta el campito. Era un potrero de pura tierra y matorrales que los mocosos usaban para jugar al fulbo. Pero esa noche había luna. Y no era un juego.

Ulpidio peló una faca que tenía este largo. ¡Uy Dio, cómo brillaba la plata de la luna sobre el filo helado del acero!

Y Juan, Juan peló también tremenda púa que de verla nomás, te entraba miedo.

"¡Venite!"

"¡Vení vos!", se supo después que se dijeron. Y fue cuando llegó doña Cata hasta el campito, de pálido rostro, ojos sufridos, de manos apretadas y pañuelo negro. Nunca se supo quién le pasó el dato. Tal vez fue esa mágica intuición de madre la que la llevó hasta allí en ese momento.

No se oyó de su boca una palabra. Y tampoco en sus ojos lágrimas se vieron. Pero eso sí, sus manos agrietadas de lavar ropa ajena en el invierno, dibujaron en el aire asustado de la noche, un gesto: se agachó, se sacó una zapatilla y lo demás, frate mío, ni te cuento.

A Juancito lo fajó hasta en el cogote, le deformó la sabiola a chancletazos, y le sacudió tantos palos por el lomo que lo dejó mormoso al pobrecito. Contaban los vecinos que lo oyeron, que tirado en el suelo, Juan rogaba y a la vieja pedía perdón a gritos.

A Ulpidio, de las crenchas lo cazó la vieja aquella, y le arruinó la jeta a chancletazos porque le pegó media hora, de corrido.

El autor

ROBERTO FONTANARROSA nació en Rosario (Argentina) en 1944 y vivió siempre en esa ciudad. Comenzó su carrera de humorista gráfico en la revista Boom (Rosario), creó dos de sus personajes fundamentales (Inodoro Pereyra y Boogie el aceitoso) para la revista Hortensia (Córdoba) y publicó su primer libro de relatos (Los trenes matan a los autos) en su ciudad natal. Más tarde Inodoro pasó a la revista Siete Días y finalmente al diario Clarín de Buenos Aires, mientras Boogie recalaba en Humor, de la misma ciudad. Cuentista productivo y con una obra sin parangón dentro de la narrativa argentina, pueden citarse, entre otras recopilaciones, El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro, Nada del otro mundo, La mesa de los galanes. Falleció en Rosario el 19 de julio de 2007-

domingo, 29 de junio de 2008

Prohibido, por Virginia Guida


Como todo...prohibido, siempre prohibido.

Disfrute de la plaza, señora, pero por favor prohibido pisar el césped…

Se puede comer de todo, la dieta esa es fantástica!!! Pero… prohibidos los dulces, el pan y el alcohol…

Hay que vestirse a la moda, eso me hace más joven, pero prohibido ponerse ropa ajustada porque marca los rollitos.

Hay que ver ese espectáculo cómico que dan en el teatro, los vas a pasar bien mamá, pero no te rías como lo hacés siempre, tu risa se escucha desde la calle…

El CD que me compré con las últimas canciones de ese conjunto brasileño, está buenísimo, pero prohibido escucharlo a todo volumen, los vecinos se pueden molestar.

Prohibido reír, prohibido comer, prohibido cantar, prohibido lucir, prohibido llorar, prohibido hablar en misa, prohibido…prohibido…prohibido amarte, hasta eso tengo prohibido. Vivamos el momento pero no te enamores…está prohibido, dijiste…

Cómo podremos amarnos sin que te ame?

viernes, 20 de junio de 2008

Raíces y alas propias, por Virginia Guida


Para mi hijo Gonzalo,

que se está haciendo hombre.


No te di raíces.

Llegaste a mi vida

con raíces propias

y te fui regando

con poquita cosa,

con agüita fresca

como si estuviera

con mi amor regando

una tierna rosa.

A veces fui débil

otras veces fuerte

algunas temblé

temiendo tu suerte

y seguí regando

incansablemente

sabía que un día

ya serías hombre y

crecerían alas

en tu espalda noble.

Hoy ya estás volando

porque desde el alma

lograste soñando

lo que tanto ansiabas

y me hace feliz

saber tu alegría

porque estás volando

ya tu propia vida.

Niña-mujer, por Virginia Guida

A mi hija Mariana

una de las dos razones de mi vida…


Así te imaginé

igual a mí,

a veces nena,

corazón abierto-

Otras,

diferente a mí,

impenetrable

mujer

de pensamiento

incierto.

Quisiera saber

qué sentís

qué te duele

qué te invade

-algo presiento-.

Cómo desearía

volverme diminuta,

meterme en tu alma

y allí

quedarme inserta

para velar tus pasos

mi niña mujer…

mi pequeña.

lunes, 16 de junio de 2008

Dulces papas fritas, por Virginia Guida



Se sentó en la mesa de al lado, abrió su agenda y se puso a controlar seguramente las obligaciones del resto del día. Tal vez tenía una cita con una chica ( ¿estaría allí esperándola a ella?), tal vez una entrevista de trabajo, un turno en el médico. No sé, pero estaba sentado allí, solo, en la mesa de al lado. Y yo, también sola, a su izquierda. Por qué si los dos estábamos solos, estaba mal visto que yo le dijera:

-¿Querés venir a mi mesa y charlamos? ¿Qué hubiera pensado la señora gorda que nos miraba mientras su marido leía el diario y ella se entretenía en imaginar vidas ajenas? ¿Qué hubiera dicho el mozo que iba y venía llevando cafés y cervezas y acababa de dejar una en su mesa, si de pronto lo viese venirse conmigo?

No me animé a decirle nada pero seguí observándolo, se rascaba una oreja, se sacó el suéter, el sol no lo molestaba como a mí porque usaba lentes oscuros. Como yo tenía que girar la cabeza a cada rato para poder verlo bien, me cambié de lugar. Ahora, ya de frente, le clavé la mirada y creo que se dio cuenta. Tosió nervioso, se rascó otra vez la oreja y abrió el diario. Pude ver cómo, de a ratos, asomaba sus ojos por encima del papel y me espiaba. Yo sé que me espiaba. Me hice la disimulada aunque me moría porque me hablara.

De pronto aparecieron dos chicos, tendrían unos doce y trece años y con un papáaaa, se le colgaron del cuello, lo llenaron de besos y sin perder tiempo pidieron dos coca- colas.

-¿Y mamá?- preguntó ( yo no me perdía detalle)

- Salió con Diego, fueron al cine. (¿El tal Diego sería otro hijo o el segundo marido de la tal mamá?)

-Papá- dijo el que parecía menor- Marcela, no viene?

-Marcela ya no vendrá, vamos a pasarla muy bien los tres solos.

Enseguida sonó el teléfono. La Marcela, pensé yo. Pero él no atendió, dejó sonar dos rings el celular y luego lo apagó.

Se llenaron de coca colas, hamburguesas y papas fritas (yo me moría por robarles algunas).

No pude evitar mi sonrisa de oreja a oreja, cuando en el momento en que salía, al pasar a mi lado, me guiñó un ojo y me dijo:

-Dejo los chicos y vuelvo, me quedé con ganas de más papas fritas.

sábado, 14 de junio de 2008


¡FELIZ DÍA

PARA TODOS LOS PAPÁS DEL TALLER

"ENTRE EL VERDE Y LA PALABRA"!

VIRGINIA

viernes, 13 de junio de 2008


¡FELIZ DÍA DEL ESCRITOR!

jueves, 12 de junio de 2008

Creí, por Virginia Guida



Cuando creí que no servía

cuando sentí que no vivía

cuando creí que ya nada

yo podría

cuando sentí que me moría

cuando el mundo

sobre mi alma se caía

cuando no tenía sentido

ni el sol

ni las estrellas

ni la noche

ni la lluvia

ni mis días…

fue así como de pronto

poco a poco

fue desvaneciéndose

mi nube

mi oscuro cielo se abrió

y volví a vivir

volví a sentir que yo podía

que el corazón no estaba roto

que mi alma estaba viva

que tenía piernas y manos

y escribía…

escribía un te quiero

un te amo

llantos…risas…

escribía a mis hijos

al dolor

a la alegría

y dí gracias a Dios…

por la luz…

por mi paz…

por esta vida…

domingo, 8 de junio de 2008

Solicitud de ingreso a usted, por Virginia Guida



Estimado señor vecino del 9º B:

Sin dudas debe parecerle extraño y hasta loco recibir esta carta por debajo de su puerta, siendo que ya nos hemos encontrado varias veces en el ascensor, especialmente esta mañana y yo podría haberle dicho a usted esto de frente, sin necesidad de andar deslizando a escondidas mis palabras atrevidas que se escaparon y se quedaron pegadas en esta hoja.

Y la verdad, señor vecino del 9º B, es que hago esto, porque no en vano usted vive en el “novenobe”, porque creo que usted “no ve no ve”; es decir y para aclarar mejor las cosas, señor vecino, o usted no ve no ve o se hace el que no ve.

Por tal motivo es que aquí le presento formalmente mi solicitud de ingreso a usted aportando los siguientes datos personales a fin de que los tenga en cuenta al momento de su decisión:

Nombre:

(lea en la pared del ascensor, está rayado con la punta de mi llave)

Edad:

La exacta como para hacer con usted la pareja perfecta.

Domicilio:

Justito debajo de su dormitorio, sus ronquidos se escuchan como si durmiera al lado mío….ahhhhhhhhhh

Teléfono: 68354790……REPITO: 68354790

Profesión:

Enamorada

Experiencia previa:

Ninguna. Acabo de recibirme de enamorada por lo tanto debería practicar un poquito para tener la experiencia necesaria y de esa manera usted logre aceptarme. Por qué será que siempre piden gente con experiencia? Cómo vamos a tener experiencia si nunca nos enamoramos?

Repito. Acabo de enamorarme. Me enamoré esta mañana cuando lo vi con ese traje azul tan impecable, la camisa blanca que hacía juego con sus dientes y sus canas que asoman en las sienes. Y ni hablar de esa corbata azul con corazoncitos rojos que parecían querer escaparse para meterse en mi escote. Y sin duda que alguno debe haberse metido, porque desde esta mañana que siento aquí dentro (en el escote, digo) un tic tac que me tiene loca.

Dispongo del horario que usted desee, full time si es necesario y mis pretensiones de salario se limitan a sentir sus brazos rodeando mi cintura, disfrutar de sus besos hasta llegar al éxtasis, poder gozar con esa sonrisa que le sale cada vez que me dice buen día y es como si me dijera “la amo”.

Y es que si usted me ama, señor vecino del 9ºB, ya casi no hay nada que arreglar, porque usted me ama y yo lo amo, qué más podemos pedir?.

Esperando con dos cafecitos una pronta respuesta a mi solicitud, cuando quiera, esta tarde si le parece, yo voy a estar en casa, me despido de usted con un suspiro no sin antes desearle la mejor de las decisiones, que si es ésta , la de elegirme, estoy segura que no se va a arrepentir.

Enamoradamente.

Su vecina la que usted ya sabe.

jueves, 5 de junio de 2008

Qué cosas enseñan en la escuela!, por Virginia Guida

-Dijo la maestra que busque en las revistas.

-¿Qué es lo que tienes que buscar?

-Todo lo relacionado con las estrellas.

-Pero eso no está en las revistas, hijo, en las revistas sólo hablan de las estrellas de cine.

-¡Entonces quiero ir al cine, mamá!

-Qué tonterías dices, ahora tienes que hacer la tarea. A ver… ¿qué más te ha enseñado la maestra?

-Me ha enseñado a resolver problemas de regla de tres.

-Eso no se enseña! Eso se aprende con la vida. ¡Si habremos resuelto problemas con tu padre... y los dos solitos… nada de tres!

-Pero los de la maestra son problemas para hacer cuentas, mamá.

-Como los de tu padre y míos, problemas de números, números para pagar, números para cobrar…

-¿Te conté que la maestra nos ha enseñado geometría?

-No. ¿Y qué es geometría?

-Bueno, muy bien no sé, pero es algo de los cuadrados.

-¿Así que cuando tu abuela dice que tu padre es cuadrado, está hablando de geometría?

-No mamá…no! Eso es otra cosa.

-Y qué más…qué más te ha enseñado la maestra?

-Me ha enseñado la historia…Colón, las tres carabelas, los viajes, los hermanos Pinzón.

-Pinzón dijiste? Jacinto Pinzón, el que vino a arreglar la máquina de lavar ropa y dejó todo desarmado? Ya sabía yo que no volvería y resulta que ahora me entero que se fue de viaje!

-A ver… qué más te ha enseñado tu maestra?

-¿Sabes? Me ha enseñado a escribir poemas.

-¿Poemas?... cómo es eso?

-Palabras con musiquita, mamá.

-A ver hijito, explícame eso.

-Dice la maestra que se siente aquí dentro, en la panza, que es como una cosquillita y que si cierras los ojos, estarás diciendo te amo.

-Pero, si cierras los ojos no ves a quien amas.

-Pero se siente, mamá.

-A mí nunca me dio cosquillas en la panza y tu papá sabe muy bien que yo lo amo.

-Dice la maestra, que cuando uno escribe una poesía es como si estuviera volando.

-Sólo se vuela en avión, no conozco otra manera…aunque también vuelan los pájaros y las mariposas, pero eso es otra cosa.

-Nunca volaste mamá?

-No

-Yo sí, yo volé esta mañana, tempranito, cuando iba a la escuela.

-Cómo…no fuiste caminando?

-No mamá, esta mañana, volé mientras pasaba al lado de Marianela y las cosquillitas me hicieron reír la panza.

-Ay hijo, hijo! Qué cosas tan raras te enseñan en la escuela!


jueves, 29 de mayo de 2008

Amarte a carcajadas, por Virginia Guida


Quiero amarte a carcajadas

con cosquillas en la panza

y mariposas en el alma

que nos riamos juntos

como dos locos sueltos

sin apuros…ni nada

saltar por las cornisas

de Ferrer y Piazzola

y jugar en las plazas

corriendo las palomas

disfrutar de tu boca

que disfrutes la mía

que nos miren todos

y se mueran de envidia

vos y yo como locos

reírnos de la vida

detener el tiempo

y reírnos sin prisa

para mostrar al mundo

que sabemos amarnos

fabricando sin lágrimas

carcajadas de dicha…

miércoles, 28 de mayo de 2008

Ese aroma...por Virginia Guida




Ya falta poco. Como siempre, como todos los años, falta poco para que llegue la Navidad y empiece a invadirme la misma melancolía de siempre y un sinfín de recuerdos. Se mete por cada uno de mis poros el aroma a jazmines, ese aroma que dejó impregnado cada rincón de mi casa, de mi cuerpo, de mi alma. Te acordás de ese día?. Llegaste escondido detrás de un enorme ramo, tan grande que tuviste que asomar la cabeza para que yo pudiera ver tu sonrisa que desbordaba. Nos sentamos en la sala, dejé el ramo de jazmines sobre la pequeña mesa ratona y mientras la orquesta de Ray Conniff no paraba de tocar, me dijiste que te ibas, que tenías que viajar a España, que volverías para Navidad, que me amabas, que me extrañarías, que yo era lo mejor que te había pasado en al vida, que te llevabas una foto mía, que...

Ahora estoy ansiosa. Otra vez estoy aquí esperándote. Miro por la ventana y veo esa arboleda por donde apenas se filtra un rayito de sol y vuelvo a imaginar el aroma de los jazmines. Pongo a Ray Conniff que empieza a sonar a todo volumen y aunque quiera aturdirme para no darme cuenta de que no volverás, el olor a jazmines está cada vez más cerca.

Tocan el timbre… estoy temblando.

Preciso, por Virginia Guida

Dominar por entero

mis instintos

simplemente

hacer escurridizos

mis recuerdos

y aunque

dolorosamente

disfruté lo antiguo

permitirme espiar

dentro de mí

y volver a volar.

La vieja estación de trenes


La estación del ferrocarril Oeste Santafesino, también llamado ferrocarril Carlos casado, estaba en el sudeste de la ciudad de Rosario dentro del predio que actualmente ocupa el Parque Urquiza, en la intersección de las calles Chacabuco y Nueve de Julio, cerca de la barranca del Río Paraná.
La compañía Ferrocarril Central Argentino compró al Ferrocarril Oeste Santafesino en 1900 renombrando esta estación como Rosario Este, destinándolo a servicios de carga y transporte de ganado
Con la decadencia del sistema ferroviario argentino, se levantaron los rieles, y esta estación, como muchas otras, quedó abandonada deteriorándose. La Municipalidad de Rosario se hizo cargo de la construcción y preservó lo que quedaba. Su restauración concluyó en mayo de 2007. La Municipalidad convirtió el edificio en un centro cultural, albergando la videoteca del Centro Audiovisual Rosario, CAR. La vieja estación también sirve como centro comunitario para jubilados, y como sede del Círculo de Escultores de Rosario al cual pertenece el taller de Creatividad Literaria “Entre el verde y la palabra”. También se mudaron allí las oficinas de la Secretaría de Cultura municipal, y se construirá un auditorio para actividades públicas y proyección de películas.

Un espacio para hacer volar la imaginación.


"Entre el verde y la palabra", comenzó en Octubre del 2007, en las instalaciones del Círculo de Escultores de Rosario que funciona en el Centro Cultural Parque Urquiza, Chacabucho y 9 de Julio, en la ciudad de Rosario. Allí estuvimos todos los martes, desde las 9 y media de la mañana hasta las 12 hs. hasta que tuvimos que dejar el lugar porque los señores jubilados que nos prestaban el ligar "no querían mujeres". En fin. Desde el año 2008 nos reunimos todos en el bar de Mendoza y Necochea, bajando por el ascensor, al ladito del río Paraná y con un maravilloso paisaje de fondo.
Es un espacio para hacer volar la imaginación, un taller de creatividad literaria donde, a partir de un texto, surgen consignas o propuestas usadas como disparadores que hacen que aquél que tiene dentro suyo mucho por decir, se anime a volcarlo en un papel.
Entre el verde del Parque Urquiza, el azul marrón del río y la palabra que brota de los sentimientos, allí estamos, leyendo, escribiendo y tomando un café.