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viernes, 13 de junio de 2008

Algo nuevo, por Hilda Herranz


Desde donde estés, envíame algo nuevo.

No sé qué,

pero algo para hacerme trinar de alegría.

Para sentirte otra vez a mi lado

con tu risa cristalina,

tu voz melodiosa,

tus caricias suaves

y tus besos apasionados.

Ya sé, tu dirás ¿Eso es nuevo?

Sí, siempre es nuevo lo que viene de ti.

Desde donde estés, piensa en mí.

Qué espero del Taller Literario, por Hilda Herranz


Del Taller Literario qué espero?. Poder manifestar la parte escondida de mi personalidad…me cuesta tanto hacerlo!. Pero lo necesito. En el taller expreso mis sueños, mis emociones, mis desdichas, es mi amigo. Ese amigo que yo elegí para hablarle y escucharlo, sin miedos, sin críticas, el que todo lo permite, el que no comenta nada de lo confiado.

Difícil encontrar un amigo que a uno lo contenga, que lo satisfaga en las necesidades emocionales.

Yo lo encontré en el Taller Literario donde hallo paz, mis dudas se disipan y el amor florece.

El amor a la vida, a las cosas hermosas de los seres que conozco y sobre todo, el amor a mí.

Ironía, por Hilda Herranz



Dentro del planeta los hombres viven cada uno su realidad.

Según el lugar físico que ocupan crean su historia, la que va unida a una sucesión de hechos e ideales de hombres que van tejiendo en el ser humano marañas de pasiones internas formadas por lealtad, fe, esperanza, amor a su suelo.

Unidos por la misma lengua cada uno siente la sensación de pertenecer a ese espacio físico y también cada uno a su manera lo ama y defiende.

El planeta está formado por muchos espacios físicos donde hombres y mujeres comparten su tradición sin conocerse.

Sucede a veces que a pesar de vivir en lugares lejanos con costumbres y lenguas distintas, se tienen cosas en común, la lengua del otro, aprendida cada uno en su país, el gusto por algunos autores literarios, lo que determina que encontrándose en algún momento esos seres puedan ser amigos.

Pero a veces, ese encuentro se realiza en condiciones emocionales muy negativas como en la guerra, donde cada ser va a conciencia a defender lo que cree justo. Pero las guerras las arman los hombres y casi siempre son mandados por la insensatez, el ego y la soberbia de alguien que se cree dueño de la verdad y entonces los que van no obedecen a sus sentimientos sino a la conveniencia del otro.

Y se encuentran frente a frente enemigos sin serlo. No se conocieron como para ser amigos por sus afinidades y como una ironía del destino fueron enterrados juntos cubiertos por la blanca nieve que parece gritar su inocencia.