lunes, 18 de agosto de 2008

Estimado Juan Carlos, por Dante Cacchione



El primer día que ingreso al taller literario, la querida profesora Virginia, me ubica en la cabecera de la mesa donde están los alumnos del taller desde donde puedo apreciarlos, situados a ambos lados de la misma. No se si es un privilegio, pero realmente me siento cómodo.

Pasados las presentaciones, la primera sorpresa me da fuerte golpe en el rostro: ¡eres el único varón acompañado por siete damas!

Te darás cuenta que comienzo a componer las hipótesis causantes de esta desigual reunión de sexos. La primera, dada por tu ubicación, centro de mesa, y cercana a todas, me sugiere que pertenecés al gremio de ellas; la otra, que sos un árabe disfrazado de gringo, con su harem en viaje de bodas. A la siguiente clase desecho ambas hipótesis, porque así me lo sugiere la realidad, y me nace la tercera. Si bien no sos el David de Miguel Ángel, que en su desnudez muestra su potencial (pequeño pero atrayente), cosa que seguramente no pueden apreciar las damas en vos pero sí imaginarlo, constituís para ellas una devoradora atracción, y entonces te reducen a una simple carnada en medio de una banda de “famélicas” palometas que tratan de devorarte. Por ello, surgen en mi, sensaciones de lástima, angustia e impotencia por tu porvenir. Nuevamente las vivencias de las sucesivas clases, me revelan lo errado de mis hipótesis: no sos “bendito tú eres entre todas las mujeres” ni cien mujeres podrán doblegar tu persona, (a lo mejor una, y quizás te preguntarás para que); no sos pusilánime ni “chupamedias” de la profesora Virginia, que con el respeto profesora-alumno, discutis las calificaciones que te asigna, sobre todo en conducta por considerarla injusta.

Bueno Juan Carlos, contento con la realidad que me rodea, doy por terminado mi mensaje epistolar (no se refiere a pistolas), diciéndote que luego de haber bebido del licor de la verdad, te felicito por tus escritos, que con todo derecho, deseás leer primero, a velocidades supersónicas para que no te los copien, y aclararte que las damas que nos acompañan no son palometas sino excelentes señoras escritoras, perdón, que escriben como nosotros, sin otros confusos intereses hacia tu persona.

Con todo cariño .

Dante

30/7/08

No hay comentarios: