lunes, 14 de julio de 2008

La mesita de luz, por Rhut Miranda

Nunca hubiera imaginado que mi amiga Teresita me visitara en una tarde tan lluviosa.

Al oír el teléfono me pregunte ¿quien será? y lo voz de Tere me sonó extraña.

Rhucita tenés algo que hacer? mi respuesta fue ¡no! y quedamos que a las quince y treinta horas estaría en casa. Lo primero que pensé fue hago una torta negra que sé que le gusta y preparo el termo para tomar unos mates; lo único que faltaba era esperar .Su llegada como siempre, puntual, quince veinte horas.

Nuestra amistad no es de todos los días pero estamos cuando nos necesitamos. Hoy no seria diferente. Después de charlar de nuestra familia, Tere me contó que tenía el casamiento de una amiga de su hija y que no tenía ropa adecuada para esta ocasión.

¿Te acordás de esa modista que siempre te cosía? ¿no cobraba mucho verdad ?.

Ay Tere… eso es de hace tanto tiempo! Pero dejáme pensar, yo tenía una libretita donde había anotado su teléfono, si me esperás un rato te lo busco.

Mi amiga dio un salto de la silla y dijo te acompaño.

Mi mente empezó a trabajar a mil ¿donde estará esa libretita?

Empecé por el primer cajón de la cómoda que era el lugar donde yo pensaba que podía estar (ahí no estaba) de pronto la voz de Tere que me dice ¿no estará en la mesita de luz?

Sentí ganas de salir disparando. Mi mesita de luz cumple en mi vida la función de tener todo a mano.

¡Pero Tere… mirá si va a esta allí! ¡Ese no es el lugar! Pero mi amiga insistía: “No seas terca”.

No había escapatoria y no tuve más remedio que abrir el cajón Yo sabia lo que me esperaba. Lo primero que apareció fue la caja de caramelos Sugus, el algodón con la crema que uso todas las noches, paracetamol por algún dolor que pueda aparecer , los recortes del diario especialmente los de Candi, una tijerita, espejo, pinza de las cejas que tantas veces me saca de apuro, las biromes para anotar algunas recetas, la revista de multicanal donde eligo el programa del día, hebillas con las que me recojo el cabello, un libro de Bucay ,”De la ignorancia a la sabiduría”, que según mi yerno Calixto es una mierda. Debido a eso me prestó “Más Platón y menos Prosac” (Merinof) , me cuesta aplicarlo, pero me sirve para enseñar a los demás .

Bueno, todo esto, en un cajón de cuarenta por treinta por ocho centímetros de altura. Realmente es un milagro que entre todo allí.

Avergonzada miré un instante a mi querida amiga y le dije: Mañana lo ordeno.

Por supuesto, la libretita, no apareció.


Rhut Miranda

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